El ferrocarril del mame, el mundo hipster de ayer

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El mame se encuentra hasta donde menos lo imaginas

—Cosas de Mamadores, @EsDeMamador

 

La composición del hipster ya ha sido desmenuzado hasta el hartazgo. Pero no me pude contener cuando leí en El mundo de ayer de Stefan Zweig una descripción y, a mi sorpresa, una explicación de los antiguos orígenes del hipster y de su asociado mame.[1]

 

Zweig es reconocido como uno de los escritores más representativos de Europa durante la primera mitad del siglo pasado. El mundo de ayer es una autobiografía en la que el autor ocupa las primera cien páginas para contarle al lector sobre su infancia en el «Mundo de la seguridad», nombre que le da a los últimos veinte años del siglo XIX en su tierral natal, el Imperio austrohúngaro.

 

Hasta aquí nada particularmente fascinante; un mundillo muy “burgués” en el que todos toman café, comen pastelillos y se ríen jocosamente de sus propios chistes de excelente gusto. La Viena de Zweig estaba obsesionada con la buena vida y las bellas artes. La estabilidad de su sociedad era lo que aseguraba que todo siguiera tan bien como lo estaba, así que —a la Matilda— el mensaje que le repetía la generación de los padres de Zweig a la suya era: «¡Yo soy grande, tú pequeña; yo estoy bien, tú estas mal; yo soy listo, tú tonta; y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo!». Por lo tanto, estos chiavos decidieron mandar a volar a las viejas expresiones culturales de su tiempo y se rebelaron en contra de sus padres… haciendo exactamente lo mismo que ellos, pero de una manera ligeramente diferente. Las generación de Zweig admitía las bondades de platicar súper a gusto en los cafés de la ciudad. No les interesaba mucho la política ni la economía, ya que estas dos cosas tenían que mantenerse estables para que ellos se pudieran concentrar en platicar cómodamente del arte. Estos protohipsters aceptaban el mantra que —al menos en el mundo de lo “útil”— nadie que tuviera menos de cuarenta años valía la pena. Por consiguiente, la moda de aquel entonces se enfocó en verse lo más viejo posible para así ostentar más gravitas. Cultivaban frondosas barbas, usaban gafas de marcos gruesos y sin lentes, imitaban la ropa elegante de las generaciones anteriores…

 

Esta generación optó por diferenciarse de la de sus padres enfocándose no en qué hacían sino en cómo lo hacían. Los más interesantes ya no eran los que se sabían el repertorio de los famosos, sino los que conocían a los más desconocidos. Zweig recuerda que:

Cuando, por ejemplo, hablábamos de Nietzeche, […] de repente uno de nosotros prorrumpía con superioridad afectada: «Pero en la idea del egotismo Kierkegaard lo supera», […] «¿Quién es este Kierkegaard que X conoce y nosotros no?». Al día siguiente corríamos a la biblioteca […], pues ignorar algo extraño que otro conocía constituía para nosotros un descrédito.[2]

Mame hipster destilado.

 

El conservadurismo radical del Mundo de la seguridad —el respeto de los límites rigurosos dentro de los cuales se podía hacer arte y la filosofía novedosa— resultó en una mezcla de poder pensar la revolución sin tener que salir de la zona de confort ni de los pantalones de segunda mano del abuelo. En la de Zweig se ve un poco de las generaciones que los antecedieron inmediatamente. Los viejos románticos veían algo glorioso en un pasado informe. Los nihilistas veían la gloria en la autodeterminación del propósito un mundo insignificante. Los hipsters del Mundo de la seguridad fueron más lejos y vieron en el pasado inmediato la respuesta más cómoda para seguir insistiendo que nada, mas que el mame, importaba demasiado.

 

Sin darse cuenta, el hipsterismo de hoy se parece mucho —física e intelectualmente— a este mundo de ayer. Se ve en la obsesión hipster por lo analógico y lo mecánico, su obsesión por lo alternativo y a la vez cómodo, en su posmodernismo con el que han llevado el nihilismo a un nivel de mame espectacular. Sin embargo, a final de cuentas lo que más me convenció del vínculo entre los hipsters del final del siglo XIX y los del principio del siglo XXI fue lo que vi al final de una película dirigida por el dios hipster, Wes Anderson. Al acabar El Gran Hotel Budapest, comienzan los créditos y lo primero que se lee es:

Inspired by the Writings of Stefan Zweig[3]

 


[1] El mame es más fácil entendido que explicado, pero la definición más útil que encontré fue esta de «Mamón»: 1. Hace referencia a una persona que es muy exigente o exquisita en sus gustos. 2. Se usa para referirse a alguien que le gusta presumir. http://www.asihablamos.com/word/palabra/Mamon.php

[2] Zweig, S. (2001) El mundo de ayer. Memorias de un europeo, El Acantilado: Barcelona, p. 65.

[3] Me niego a reconocer ironía alguna.

 


 

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